Después de que Frodo arrojase el Anillo Único al Monte del Destino, en el fin de todas las cosas, todo cambió para siempre. No sólo para Frodo, o para su inseparable y fiel Sam (siempre lo diré: el auténtico héroe de la trilogía), o para cualquiera de los otros personajes. Cambió la vida de todos sus actores, para bien (Viggo Mortensen, Elijah Wood, Cate Blanchett) o para mal (¿qué ha sido de Sean Astin, Liv Tyler, Billy Boyd, o incluso de Orlando “Blandito” Bloom?). Cambió la vida de su director, Peter Jackson, que nunca, jamás, volverá a hacer nada tan colosal. Cambió la forma de hacer, y de ver, el cine. La forma de entenderlo, rodarlo, venderlo. Cambió la vida de todos nosotros. Porque después de El Señor de los Anillos ya nada, ni nadie, volvió a ser igual.
Y aquí estamos, nueve años después de la tercera entrega, once desde la primera, volviendo a los orígenes. El hobbit se estrena, finalmente, después de años de rumores sobre esta precuela de la Trilogía del Anillo, después de vaivenes con las productoras / distribuidoras (el mismo lío que retrasó el estreno de Skyfall, el nuevo –y excelente– Bond), y después de que el director asignado, Guillermo del Toro, se lavara las manos y abandonara la Tierra Media, sin que nadie sepa muy bien por qué. Según la rumorología, Del Toro estaba harto de esperar que se resolvieran los problemas de Metro Goldwyn Mayer para dar luz al proyecto; pero también se comenta que Peter Jackson, a quien después de su “opera magna” no le ha ido precisamente de tirar cohetes (ni King Kong ni Desde mi cielo estuvieron a la altura), no se quería limitar a producir, lo que podría haber provocado ciertos tiras y aflojas entre los dos grandes hobbits de Hollywood.
Una trilogía anunciada
Con Jackson ya en las riendas, se anunció entonces que El hobbit constaría de dos partes, con el fin de poder contar todos los aspectos de la historia y blablabla, lo que no era, evidentemente, sino una operación comercial que, tras haber sido adoptada por la saga Harry Potter, se ha puesto de moda (Crepúsculo, Los juegos del hambre… todas terminaron, o lo harán, dividiendo su último libro en dos películas), dado los pingües beneficios que proporciona con el mismo presupuesto. Sin embargo, en la pasada Comic-Con, ni cortos ni perezosos, Jackson y su troupe anunciaron que finalmente El hobbit será una trilogía, estrenando su segunda parte, La desolación de Smaug, en diciembre del 2013, y la tercera, Partida y regreso, en julio de 2014. Así que tenemos Hobbit para rato. A menos que los mayas lleven razón y se acabe el mundo, lo que aparte de ser un contratiempo para nuestras vidas será un notable desastre comercial para Hollywood, que lleva años viviendo “a largo plazo”.
Un largo prólogo… de imitación
Pero centrémonos en este primer El hobbit. Un viaje inesperado. La sensación que me recorría el cuerpo (aparte de pis; son casi tres horas de peli y yo ya no tengo trece años) era que había vuelto a ver La Comunidad del Anillo, pero más rápida, amena y sí, menos profunda. Y es que su estructura es, no ya similar, sino idéntica: desde el prólogo que habla de una batalla del pasado, el comienzo de la aventura en Hobbiton, parada a medio camino en Rivendel, batalla final en el interior de una montaña. Exactamente igual. Y ése es el principal problema, en todos sus diferentes aspectos, de El hobbit. No las comparaciones con su “hermana mayor”, sino que el hecho de haberla convertido también en trilogía recuerda demasiado en su estructura a ESDLA, quedando esta primera película como un (largo) prólogo, una introducción a la aventura en sí, con una dinámica cinematográfica que ha sido completamente fagocitada por la narración televisiva, el continuará, los finales abiertos, etc. Soy incapaz de recordar cuándo fue la última vez que fui a un cine a ver una película épica, de aventuras, o fantasía, que al acabar, realmente acabase.
Así las cosas, al haber imitado, consciente o inconscientemente, a la Trilogía del Anillo, El Hobbit sale perdiendo, tanto narrativa como técnicamente. En lo técnico porque no hay nada que no viéramos ya en ESDLA, la capacidad de sorpresa que dejó anonadado al público de la década pasada ya no está: todos los grandes paisajes, las tomas aéreas, los efectos visuales de batallas y monstruos… todo eso lo hemos visto, no ya en las tres entregas anteriores, sino en los innumerables filmes que han imitado el estilo que Jackson (corriendo un gran riesgo) adoptó hace once años. Las colosales batallas de Las dos torres o El retorno del rey las hemos vuelto a ver decenas de veces en filmes como Troya o El reino de los cielos; las largas e impresionantes (y digitales) tomas aéreas que hicieron de Jackson un virtuoso se convirtieron en un referente habitual en cada nueva entrega de Harry Potter; los paisajes, decorados y vestuarios se han vuelto menos exóticos gracias a la extraordinaria serie de HBO Juego de tronos. Después de estos diez años, es muy difícil volver a dejar al espectador con la boca abierta.
El 3D y los 48fps
Lo cual no impide que El hobbit luzca espectacular: su 3D está muy bien empleado en su profundidad de campo (menos en las escenas de acción, donde Jackson patina un tanto con un montaje precipitado que provoca cierta confusión), por más que no sea nada del otro mundo (a estas alturas, el mejor 3D que he visto sigue siendo, curiosamente, en dos documentales: el Pina de Wim Wenders, y La cueva de los sueños olvidados, de Werner Herzog). En cuanto a la polémica acerca de que haya sido rodada a 48 fps queda rápidamente zanjada: la imagen ofrece una nitidez, una definición, una limpieza de movimientos y colores, jamás vista en una pantalla de cine, aunque por contra, el ordenador, los efectos visuales, resultan demasiado obvios, un pelín falsos, en ciertos planos generales. Esa es la realidad. El debate sobre si eso es cine o no, ya lo dejamos para otro día, o para la versión extendida del artículo.
Apostando por lo que funciona
Esas son las dos únicas aportaciones de El hobbit al universo de cinematográfico de Tolkien, provocando el resto una sensación de deja vù no sólo en la fotografía de Andrew Lesnie, sino también en la banda sonora de Howard Shore, magnífica (el tema principal es, sencillamente, maravilloso) pero que se apoya excesivamente en temas ya escuchados en ESDLA. Y esto es responsabilidad, principalmente, de Jackson, que apenas si ha variado su puesta en escena, o su planificación, que nunca deja, eso sí, de ser espectacular, demostrando nuevamente que el neozelandés maneja a la perfección los resortes de la épica cinematográfica moderna, con un gran pulso para la aventura y un trabajado timing cómico. Y aquí es donde entra el gran “¿Y si…” que seguirá a esta nueva trilogía: ¿y si finalmente la hubiera dirigido Guillermo del Toro? ¿Cómo de distinta habría sido? La épica narrativa de Jackson frente a la poesía visual del mexicano. Nunca afirmaré que la película habría sido mejor (Jackson, le pese a quien le pese, hizo una labor titánica y fuera de toda duda en la Trilogía del Anillo; y si bien no ha vuelto a estar a la altura, tampoco Del Toro ha superado nunca su obra maestra, El laberinto del fauno), pero sí que habría sido diferente. Y eso ya había sido algo bueno.
La narrativa cinematográfica de El Hobbit
En cuanto a lo narrativo, dejemos algo claro desde el principio: por si alguien no lo sabe, “El hobbit” de Tolkien no es sino un relato, un cuento para niños de 300 páginas, sobre un hobbit y unos enanos buscando un tesoro y enfrentándose a un dragón, lo que difícilmente da para dos películas, no digamos ya tres. Esta primera entrega, en sus desproporcionados 169 minutos de duración, apenas si cubre la mitad del libro (lo que deja la otra mitad para la segunda parte; la tercera no tengo ni repajolera idea qué adaptará), estirando de aquí y de allá, inventando, y rellenando con material de otros escritos de Tolkien, así como de sus apéndices. Así pues, Jackson y las dos guionistas que ya adaptaron ESDLA, junto con la colaboración de Del Toro, han introducido a la simple aventura del hobbit Bilbo Bolsón los primeros ecos de lo que acabará desembocando en la Guerra del Anillo, como trama secundaria y con la presencia misteriosa del Nigromante (más tarde Sauron), lo que puede que centre el argumento de Partida y regreso. Sea como fuere, tres películas se antojan excesivas para una historia de aventuras de las de toda la vida, repleta de humor, fantasía y, en su original literario, amenidad. Cuando la película se pone grandilocuente, o demasiado épica, o excesivamente sombría (lo que era habitual, y lógico, en ESDLA; allí hablábamos de la lucha contra el mal y salvar la Tierra <Media>), es cuando se la nota más forzada, mas luchando contra sí misma, contra lo que quiere ser, por obligación, por no desmerecer ante la regla del “más grande todavía” que parece justificar toda secuela, y lo que realmente es.
Sus personajes e interpretaciones
Tampoco en sus personajes aguanta comparaciones. Mientras la Comunidad del Anillo la formaban personajes carismáticos y bien diferenciados, aquí son doce enanos llamados (flipen) Thorin, Balin, Dwalin, Bifur, Bofur, Bombur, Fili, Kili, Oin, Gloin, Nori, Dori, y Ori. ¿Cómo se quedan? Al final, todos acaban componiendo una gran comparsa cómica a excepción del Thorin excelentemente interpretado por Richard Armitage, el único de los enanos con peso dramático (en él se centra toda la expedición). Por su parte, entre los veteranos de la saga, Ian McKellen recupera a su Gandalf con los ojos cerrados, los cameos de Blanchett, Weaving y Wood son meramente anecdóticos, y ver a Christopher Lee siempre es un placer.
Afortunadamente, ahí está el gran actor inglés Martin Freeman para componer un Bilbo Bolsón perfecto, divertido, que acaba erigiéndose en lo mejor de la película y su principal hallazgo. Freeman, todavía bastante desconocido para el gran público, ha demostrado sobradamente su brillante pulso cómico en la mítica serie de la BBC The office, y es el inmejorable Watson de la no menos magnífica Sherlock (donde el detective es interpretado por Benedict Cumberbatch, curiosamente el responsable de poner voz al dragón Smaug, y al Nigromante). El inglés es ya uno de los pocos actores que utiliza su cuerpo a la hora de interpretar, de ahí que su Bilbo esté tremendamente vivo, sea tan humano (o tan hobbit), y mezcle perfectamente una comicidad brutal (la llegada de Gandalf a su casa) con una honestidad dramática pura, sin excesos ni aspavientos (Bilbo a punto de renunciar a la misión), por lo que se convierte en un gran protagonista alejado de las tribulaciones mesiánicas de su sobrino Frodo. La escena que comparte con Gollum (de nuevo, voz y movimientos de Andy Serkis) se cuenta entre las mejores del film, por la comicidad y entretenimiento que desprenden ambos.
Conclusión
Me habría gustado hablar de El hobbit sin haber tenido que comparar tanto con ESDLA, pero son sus propios responsables, al acomodarse en “lo bueno conocido” los que no me han dejado otro remedio. Aun así, tengan claro que El hobbit es una estupenda película, un entretenimiento de primer orden, más amena, rápida e intrascendente que la Trilogía que tan larga sombra le hace, y que cuando se desembaraza de su espíritu y busca su propio camino, consigue su objetivo. El comienzo del film es buena prueba de ello: sus primeros treinta y pico minutos están llenos de humor (el asalto de los enanos a la casa de Bilbo, donde le saquean la despensa), de alegría, de sentido de la aventura (el comienzo del viaje), sin resultar en ningún momento tonta o carente de profundidad (los enanos entonando una canción de su estirpe, un momento realmente emotivo). Lástima que luego derive en dos horas de set-pièces de acción que, eso sí, están magníficamente resueltas y rebosan espectacularidad (la larga huida por la Montaña de los trasgos <cuyo diseño de personajes y la ciudad que habitan parece tener que ver más con el universo de Del Toro>), o el clímax final contra los orcos, si bien ambas se parecen en demasía a otros instantes de la saga (la primera a las Minas de Moria de La Comunidad del Anillo; la segunda al ataque de los wargos en el acantilado en Las Dos Torres), por lo que gana personalidad en secuencias más sencillas y acordes con el tono de la historia, como el duelo de acertijos entre Bilbo y un cómico-patético-psicópata Gollum.
En definitiva, quizá lo que más rabia de es que, lo que hace once años parecía un proyecto sumamente arriesgado y algo descabellado (rodar simultáneamente las tres películas, un rodaje mastodóntico, unos 270 millones de presupuesto en total), y que todo fan de la obra de Tolkien agradecimos, hoy es (casi 3000 millones de dólares recaudados, y 17 Oscar después) una gran y descarada maniobra comercial a la que, por supuesto, vamos a corresponder. Porque esta trilogía de El hobbit, que esperemos tome nuevos rumbos y derroteros en sus dos próximas entregas, va a recaudar (la inflación y el 3D se encargarán de ello) más que la original, pero desde luego no va a tener ni su prestigio, ni sus premios, ni cambiará la historia del cine (lo mismo James Cameron rueda Avatar 2 a 48 fps… ¿y?) ni nuestras vidas. Quizá lo haga con una nueva generación de niños de trece años… Pero cuando se trata de la Tierra Media, yo sigo teniendo trece años.









Por lo que dices Peter Jackon ha seguido el mismo esquema que en ESDLA, aunque claro, El Hobbit no da para tanto.. necesaria de ver igualmente!
Si te gustó ‘El señor de los anillos’ te gustará ‘El hobbit’ pese a pensar que es la más floja de todas, aunque debo revisionar ‘Las dos torres’, igual cambió de opinión. Si no te gustó la trilogía de el Señor de los Anillos, ni te molestes, porque esto es más de los mismo. No me queda ya ninguna duda de que el Sr. Jackson y Hollywood han pensado en llenarse el Bolsón al hacer una trilogía de El Hobbit, pero nos guste o no esto es una industria, la película tiene tirón y va a reventar la taquilla no tengo ninguna duda. Aún con todo no tengo la sensación de estar deseando verla otra vez pero sin embargo sí estoy seguro de que veré las dos siguientes. Cumple su objetivo, entretener, entretiene y mucho, el cine se ha hecho para disfrutar de estas películas en la gran pantalla y si puede ser en buena compañía mejor, debate asegurado.
Más información: http://www.zinefilos.com/estrenos/critica-el-hobbit-un-viaje-inesperado
Es alucinante, marca de la casa, Peter Jackson vuelve a lucirse como ya hizo antes con ESDLA: paisajes sublimes, grandes tomas aéreas, escenarios y caracterizaciones muy logradas. El guión es bueno, y la historia está muy bien llevada! Por no hablar del realismo! La he visto en 3D IMAX y es espectacular, la entrada me ha valido 12 euros, pero la ocasión así lo merecía.
De la historia no puedo comentar mucho, porque al contrario del ESDLA, no he leído el libro (lo leeré).
Quizás peca de demasiado parecido con la trilogía de ESDLA, y por ello queda en inferioridad, por la historia más que nada. Aunque, sin lugar a dudas, PJ vuelve a lo grande, no ha defraudado a nadie.
Pues le pongo un 6 o un 6,5 como mucho.
Desconfiaba de esta estrategia comercial de hacer tres películas de un libro de 300 páginas, pero ha sido bastante peor de lo que pensaba. No sólo se hace larga y casi pesada (ya que decidieron hacer 3 pelis, al menos podían haber tirado de menos metraje), si no que me parece bastante infantilizada con respecto a su trilogía fílmica predecesora, tanto que en muchas ocasiones me ha recordado más a una especie de Harry Potter. Vi hace muy poco la trilogía extendida de ESDLA, que no había visto desde sus años de estreno, y me parece mucho más adulta, más épica, más seria y no tan comercial.
Las cosas no transmiten lo mismo en la película que en el libro. El desarrollo y la manera de mostrar al personaje de Bilbo es mediocre en la gran pantalla, mientras que en el libro se muestra de manera muy acentuada su apego por lo casero y la tranquilidad, en esta adaptación esto se ve de manera muy superficial, sin apenas darle importancia, para sí centrarse en su lugar en la grandilocuencia y en lo épico de manera excesiva. Ya lo dice Gandalf en la película, “las cosas sencillas son las que pueden determinar el curso de las grandes cosas” (o algo así), frase a la que parece que Peter Jackson no ha prestado mucho atención, obviando por completo los pequeños detalles de la aventura que hacen tan grandes el viaje y la aventura de el pequeño Hobbit y sus compañeros, con cosas tan simples como la incomodidad de dormir en el suelo o rocas mientras éste añora su mullida cama, y cómo de bien se siente en Rivendel y lo que le cuesta emprender la marcha de nuevo (aquí ponen una mirada atrás, y ala, se quedan tan panchos). Realmente el libro te sumerge en las sensaciones de los personajes, sus miedos y la incertidumbre, cosa que la película no consigue y ni si quiera parece intentar, demasiado ocupada en querer hacer todo muy épico, intentando imitar de alguna manera a El Señor de los Anillos.
[Spoilers]
Algunas cosas son absurdas, como por el final (mini-spoiler) cuando Thorin le habla enfadado a Bilbo para luego darle un abrazo, cambiando radicalmente el tono de su discurso para intentar manipular al espectador con una interpretación nada creíble. Tampoco la parte de (spoiler!) las águilas me transmitió ni de lejos la misma sensación: En el libro están asustados, sobre todo Bilbo, pero en la peli son unas aliadas salvadoras que acuden a la llamada de Gandalf (¿?¿?¿?). Otras cosas como (spoiler!!) la cueva en la que acaban capturados por los trasgos… estoy seguro al 105% de que era una pared lo que se abría para cerrarse después, mientras los trasgos entraban para llevárselos y la pared se cerraba separando a Gandalf del resto. Esto se lo han pasado por el forro dejando a Gandalf en Rivendel (¿?¿?) Tampoco recuerdo la aparición de Galadriel y ni mucho menos de un orco albino enemigo de Thorin (no sé después, pero me he leído justo hasta donde termina la película y nada de eso aparece). Lo del nigromante tiene un pase si es una historia aparte, aún así me ha parecido metido con calzador. Ah, y cómo se soluciona la parte de los trolls, en lugar de Gandalf haciendo de troll con su voz han puesto a Bilbo hablando con ellos… pues vale.
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Vamos, que pienso que no era tan difícil intentar ser un poco fiel al libro, pero viendo este tono tan infantil de la película… (ni los orcos son tan feos, oscuros y temibles como en ESDLA) y esto de querer hacer una trilogía, sólo me queda pensar que esta obra se ha visto absorbida por el consumo, el capitalismo y una estrategia comercial tan descarada que… si pongo a la película un 6, es por su impresionante fotografía y estética visual y su banda sonora (a pesar de haber bebido tanto de la anterior trilogía).
Y como bien has dicho, después de impresionantes obras audiovisuales y adaptaciones como Juego de tronos, donde todo es muy adulto y está increíblemente condensado, esta larga introducción plagada de rellenos insustanciales que se alejan de lo que realmente transmite el libro, sabe a muy pero que a muy poco. Y los contados cambios que no comprendo en absoluto no ayudan.
No he leído el libro, pero lo tengo entre mis planes próximos. Según colega, me ha contado que el orco albino no sale en la historia, al igual que la cueva de orcos del final. Si es cierto, que en otro libro de Tolkien, (no me preguntes cual) cuentan la historia del orco y el enano, o eso me dijo mi amigo. Se han inventado cosas, porque realmente, si son fieles al libro, con una película tienen suficiente. Sin embargo esto es negocio, a si que vamos a ver mucha ficción en estas películas….
No, el orco albino no sale, las águilas hablan y les da miedo a todos menos a Gandalf y aparecen de casualidad, no porque él las llame, la manera de matar al Gran Trasgo no es tan cutre, Bilbo no distrae a los trolls si no que lo hace Gandalf con su voz haciéndose pasar por uno de ellos…
En fin, la gente se quejaba de El Señor de los Anillos porque no aparecía Tom Bombadill, y eso yo lo encontraba más que aceptable, pero de un libro tan corto cambiar tantas cosas me parece un insulto a la obra.
Me gusta las películas de fantasía, espero que esta película es bien.