
TCHANG es un cortometraje dirigido por Gonzalo Visedo y Daniel Strömbeck, con un asombroso presupuesto de más de 80.000 euros y de una duración de 27 minutos. Protagonizado por Martxelo Rubio, Juan Aroca, Gorka Lasaosa y José Luis Ayuso.
Rodado durante 12 días entre marzo, abril y mayo de 2010 en Sierra Nevada, Madrid y Vitoria, TCHANG narra una historia basada en hechos reales, sobre dos montañeros vascos que son rescatados por la Guardia Civil al sufrir uno de ellos un accidente.
Este a trabajo ha recogido varios premios en festivales en España y tiene semejante soporte que hará que sea exhibido en otros países. Aprovecha para verlo, porque sólo esta disponible en la red hasta el día 25 de noviembre. Podréis ver más detalles sobre este corto en su web oficial, donde también encontraréis el Making Of: Web oficial del corto TCHANG.
[vimeo]http://vimeo.com/31293485[/vimeo]
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Crítica
Lo más destacable del cortometraje al empezar a verlo es la evidente calidad visual y técnica, algo que con semejante presupuesto no es de extrañar, aunque no por ello hemos de quitar mérito al buen trabajo realizado en este apartado. El aspecto técnico del corto se muestra notable y serio, propio de una gran producción, y los planos están bien escogidos. No obstante, el último momento de la escena final peca tanto en presentación como en realización, dejando ver incluso un evidente fallo de raccord en justificación el penúltimo plano.
En cuanto a la historia está bien presentada, aunque considerablemente mejorable. El nivel de expectación es alto antes de ver el cortometraje y el rescate en sí decepciona, se podría haber explotado y aprovechado mucho mejor, pero termina resultando simple. El tema principal se convierte en un recurso fácil, recurriendo a temas políticos ya prácticamente caducos. No obstante cabe destacar la ambientación conseguida, sobre todo durante el propio rescate, y es que en este aspecto se lleva un notable alto si no un sobresaliente.
[toggle title=”Contiene spoilers”]Sin embargo la historia no acaba de calar. El tema etarra no sólo ya está bastante explotado si no que resulta cansino (al menos fuera del País Vasco), más aún teniendo en cuenta el contexto político actual, donde ETA hace ya tiempo que comenzó su declive y esperado final.
La historia concluye en una reflexión que parece más bien dirigida a los terroristas que a un espectador que, probablemente, no se termine por sentir identificado. Sin embargo el mensaje es claro, pero se deja ver simple y vacío, consiguiendo cierto desencanto y decepción.
El mayor problema lo encontramos en la escena final, que deja ver aguas: El etarra insite “yo no voy”, tratando de mostrar el mensaje de separación, pero su compañero comete el asesinato prácticamente en el mismo bar, delante de la puerta, a sólo unos metros del “desertor”. ¿Para qué le necesitaba? El mismo asesinato en sí no tiene sentido: a plena luz del día y en el mismo bar donde la camarera les acaba de ver y servir, mientras que sólo se muestran planos cortos que ocultan la acción, como si se tratase de esconder algo, como si fuese fruto de la inconcreción del guión. Queda entonces patente la incongruencia que el corto presenta del etarra arrepentido: La imagen no sustenta sus importantes y decisivas palabras previas, su importante decisión.[/toggle]
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¿La clave del éxito?
Desgraciadamente, hoy en día las subvenciones y la política tienen demasiado peso en la industria del cine de nuestro país. Este cortometraje ha sido una apuesta fácil, recurrente, casi simplona. Tema político para políticos, que al ver el planteamiento del proyecto, no es difícil adivinar que estarán encantados de apoyar y subvencionar con seguramente gran parte de los más de 80.000 euros invertidos. Y no es por desmerecer el trabajo, que no es malo en absoluto, pero con las excelentes ideas independientes que corren por ahí resulta algo vergonzoso que se haya dedicado semejante cantidad de dinero, de nuevo, a un tema más que tópico.
También es cuanto menos, curioso, que el corto haya ganado el primer premio de varios festivales en Andalucía, a la vez que ha sido subvencionado con seguramente gran cantidad de dinero por esa misma comunidad. Aunque más que curioso, podríamos decir que es casi un insulto para los que hacemos y valoramos el cine, para los que luchamos por hacer realidad grandes ideas, con gran capacidad y potencial, aunque se trate de ideas independientes (que no por ello menos creativas) pero alejadas del sensacionalismo, de la política o del recurso fácil, temas que se siguen premiando y recompensando, despreciando las apuestas arriesgadas y más creativas.
Y aquí dejo patente mi crítica a la gestión de la cultura y el arte como lo es el cine en nuestro país, con el único objetivo empujar al buen cine y trabajo audiovisual, pues pensemos la siguiente situación: ¿Que corto sería subvencionado, el que trata sobre lo malvada que es ETA o el que tratase sobre la explotación del consumo, o del control político o de las empresas? Ahí lo dejo caer para la reflexión sincera, humilde, ética y moral de nuestros políticos a nivel individual.